Ocho de enero... cinco minutos al día 2013
Contrariado con el mundo vivía, viendo como pasaban las horas para que terminara el día, destruido y acabado, mi vida se desmoronaba mientras no encontraba consuelo en ningún lugar.
Encerrado en mi cueva los días caían como gotas de lluvia, mi noción del tiempo perdida por trastornos externos a mí acabaron por neutralizar mi ser, luego me convertí en sombra.
Un día tú te adentraste en mi terreno sacándome para que viera la luz del día, para que me diera cuenta de que no estaba solo.
Tú me escuchaste y me hiciste ver que, aunque la oscuridad se apoderó de mi en el camino, existen personas que estarán dispuestas a actuar como un faro para que puedas volver a enderezar el rumbo y salir de un letargo que ya daba por hecho que acabaría conmigo.
Nunca podre agradecerte lo suficiente lo que en esos tiempos tú construiste en mi mente, unos cimientos irrompibles que, aunque ahora no estés y la distancia nos separe, me da igual, no importa el lugar, no cabe el olvido.
Eres la persona que más me ayudo, la única que se ocupó de un desvalido emocional, tus cuentos me distraían, tus problemas me preocupaban hasta el punto de la importancia que te daba, los míos propios pasaban a un segundo plano trayéndome la paz que inspira el poder vivir para ver sonreír a la persona que se preocupó primero de ver tu sonrisa.
Y no te confundas esto no es una carta
de amor, sino de agradecimiento, eres mi amiga y siempre estarás conmigo y
aunque ahora el destino te aleje miles de kilómetros, te esperaré y como
siempre, te dedicaré cinco minutos al día.
Comentarios
Publicar un comentario