Dos de enero... reflexiones desde la oscuridad en 2013
Entiendo el riesgo que corre mi mente al encerrarla en ansiedades, comprendo también la mala vida que me traigo sino consigo mantenerme estable.
No puedo, la mente y el cuerpo van en dos direcciones diferentes y no salgo de mi letargo, duradero, observo la televisión, miles de programas han pasado, el reloj, simbólico en mi vida, no me dice ni una palabra.
Llevo tiempo sin descubrir el tacto del viento, sin sentir el
calor del sol, sin alcanzar la belleza de la luna, pero ¿Qué puedo hacer?, si busco
el cariño y no me entran los sentimientos.
Como persona lógica, veo a la gente sufrir a mí alrededor, y
yo como un ser inerte no puedo hacer nada, debo alejarme para que nadie se
preocupe, para que nadie me añore.
Han pasado tantas cosas que no quiero recordar, tantos
momentos de tristeza que han apagado mi corazón hasta hacerlo desvanecer, mi
mente se ha desilusionado, mi mundo se ha derrumbado, se han expirado los
tiempos donde las sonrisas eran el pan de cada día, dando paso a las malas
caras y a los malos hábitos.
Busco una señal que me dé una luz que seguir, un camino que
recorrer, busco, busco, pero no la encuentro, quizás sea mi culpa por tener miedo
al sufrimiento, soy realista no es un buen pensamiento, pero mi subconsciente
me domina, diciéndome que la esperanza llego a su fin, que el tiempo que me
queda es solo para sufrir, y me pregunto, ¿Por qué?, aún tengo una vida que enderezar,
pero la puerta está cerrada y, aunque tengo la llave, no percibo la cerradura.
Tal vez sea egoísta metiéndome en mi mundo, no dejando entrar
a las personas que ahora quieren, con el tiempo me manden a la mierda, una
vez que las pierda puede que me arrepienta.
No puedo ser optimista, no puedo... o no quiero, ya ni lo sé,
sinceramente mi estado me ha sobrepasado no encuentro palabras para esta
encrucijada en un pantano en el que yo mismo me he metido, por temor a afrontar
la vida, por temor a decepcionarme una vez más.
Yo le temo a
sufrir.
Yo le temo a perder a la gente.
Yo le temo a no poder salir adelante.
Yo le temo a no volver nunca a sonreír sinceramente.
Quizás por eso me escondo, huyo de todo para que el dolor de
la decepción y la pérdida no me acojan porque si los abandono yo, me resulte más fácil… por eso pierdo el rumbo, aunque me quedan algunas
fuerzas para intentar superarme, solo una vez más, tal vez valga la
pena una última bala, pero desde aquí no hago nada, no hago nada desde este rincón.
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