Seis de enero... el resultado 2022

Es curioso leer reflexiones del pasado.

Aún recuerdo la sensación de encontrarme perdido, sin futuro, con un presente miserable y un pasado que siempre me pareció algo que añorar.

Dos mil trece fue un año cuanto menos convulso, recuerdo muchos detalles de aquella época ya que en ese año fue cuando todo cambió, el recuentro con cierta persona y el despertar de un letargo que había sido la tónica desde dos mil cinco. No debo negar que justo antes de la destrucción final en dos mil trece disfruté de los años de descontrol, cosas de la juventud, pero en aquel entonces era un inconsciente, un ser emocional entre tiburones y con un sentido del ego demasiado elevado para mi peculiaridad.

Nunca tuve aspiraciones, nunca tuve un camino, de hecho nunca me planteé que envejecer sería una posibilidad, realmente eso lo pagué caro.

Podría escribir infinitas líneas sobre los años que siguieron al dos mil trece, el cambio de paradigma, la catarsis... pero realmente hoy no estoy para contar historias. 

Hoy me he despertado con una sensación extraña, a pesar de haber conseguido mis metas, me sigo sintiendo perdido, no encuentro el sentido a mis días y me entretengo entre distopias de posibles vidas en el futuro, que realmente nunca alcanzo, creo que me hacen perder el tiempo, esperar algo es horrible, siempre he tenido muy poca paciencia y fuerzo que el tiempo avance para que lleguen los eventos que anhelo.

Pero, ¿Es eso correcto? ¿Qué pasa con este mismo momento? ¿Lo estoy viviendo? hace tiempo que no me reconozco que he hecho las cosas bien, que he cambiado y he conseguido muchas cosas que por aquel entonces jamás hubiera podido soñar, no fue un golpe de suerte sino de esfuerzo, no fue un acto del azar sino de la adquisición de conocimiento, no fue un camino ni mucho menos fácil, un camino donde tropecé demasiadas veces, un camino donde me levanté de todas y cada una de ellas, donde agarré todo lo que no sabía y lo convertí en sabiduría.

Hoy no es un día para sueños, no es un día para pasados o futuros... es un día para mirarme al espejo, ya que por fin me reconozco, vuelvo a tener aquella sonrisa de felicidad que por mucho tiempo quedó escondida, obsoleta. Celebro la consciencia del resultado.

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